Los equipos “wu-wei”

Actuar sin forzar

Uno de los principios de la filosofía taoísta es el “wu-wei”, la no-acción. Este concepto habla de actuar sin forzar, como las plantas crecen sin esfuerzo, o el agua fluye y toma forma en cualquier recipiente, convirtiéndose en él, pero sin perderse en sí misma. El “wu-wei” nos lleva a aceptar el mundo y sus reglas naturales para alcanzar la armonía y el bienestar.

Los grupos de trabajo que acaban transformándose en equipos, también llevan a cabo su particular “wu-wei”. Consiste en dejar que las cosas sucedan de forma natural, actuando espontáneamente en el momento presente. Dejarse ir no significa no hacer nada, o mantenernos inmóviles. La no-acción implica hacer las cosas necesarias para que sucedan los cambios que nos conduzcan a un fin.

Actitud de apertura

Todo comienza con la actitud. Si un equipo está dispuesto a transformarse y mejorar su condición de equipo, estará abierto a aprender, a dejarse enseñar. Esto significa que las experiencias que ocurran alrededor del equipo, servirán para adquirir algún aprendizaje. Como decía Steve Jobs, ese aprendizaje permitirá «unir los puntos” en un futuro.

Cuando un grupo se muestra poco proclive a nuevas experiencias, cierra cualquier posibilidad al aprendizaje. La negatividad, la crítica, la queja o el pesimismo, invalidan cualquier intento de mejora o transformación.

La sorpresa

Cuenta Ferrán Martínez, exjugador de basket en los años 90, en “Zen 305”, algunas anécdotas de los entrenadores que tuvo durante sus años en activo. La sorpresa era una herramienta que utilizaban casi todos, y permitía que sucedieran cosas adaptándose a situaciones y experiencias que iban produciéndose, aunque aparentemente esas acciones no tuvieran ningún efecto concreto.

zen 305 by ferran martinez coaching Por ejemplo, después de un entrenamiento, uno de sus entrenadores, en lugar de llenar las botellas de líquido isotónico, lo hizo con cerveza con limón. Con ello, se ganó al equipo en los primeros días de la temporada. Otro, en su primer día de temporada, sorprendió al equipo con un corredor de maratón al que tuvieron que seguir durante 3 horas, instaurando una cultura de esfuerzo y trabajo, que se prolongaría durante todo el año. Otro, la mañana del día que jugaban la final de la Euroliga, se llevó al equipo a dar un paseo por un zoo, para que se relajasen y desconectasen de la presión de un partido tan importante.

La mejor forma de hacer equipo, sin hacer nada especial para ello, es sorprendiendo: cambiar el paso, modificando las condiciones esperadas. Todas esas acciones parecen que no tienen nada que ver con el objetivo, parece que no se está haciendo nada… Sin embargo, se hace (sin hacer) y tiene un efecto positivo en el objetivo final.

Los enemigos del wu-wei

El ego y el deseo se interponen en el camino de los equipos. El ego hace que nos miremos el ombligo más de la cuenta y nos centremos en nosotros mismos, en lugar de en el equipo. El ego nos lleva a hacer cosas en función de nuestros intereses, deseos y motivaciones.

Mientras que el deseo nos causa sufrimiento, individual y colectivamente. Sufrimos porque deseamos y no podemos lograr aquello que deseamos o anhelamos. O bien porque cuando los logramos no son lo que esperábamos.

Los equipos ponen toda su energía en lograr unos objetivos determinados, y su felicidad varía en función de ellos. Si los consiguen estarán felices, si no los consiguen no. Sin embargo, conseguir aquello que deseamos, ni siquiera los objetivos más ambiciosos, garantiza nuestra felicidad.

La aceptación llega a través de la escucha

Los equipos que practican el “wu-wei” aceptan la realidad tal y como es: “lo que es, es”. Saben escuchar, entender y comprender determinadas situaciones y las relaciones que se crean entre los miembros del equipo.

Son conscientes que el camino para lograr los objetivos es largo y requiere de mucha paciencia y perseverancia. Y descubren que para lograr lo que desean, necesitan aprender a vivir en el ahora. Extraer los aprendizajes de cada momento y experiencia vivida.

“La gente feliz planea cosas, no resultados.” (Dennis Wholey)