UN RASGO DE LA PERSONA INTELIGENTE…

 

La persona inteligente se mira a sí misma.

Uno de los ejercicios que cualquier persona inteligente puede y debe hacer de vez en cuando es “mirarse a si misma”. Claro, que aquí nos encontramos con la primera complicación: ¿cuándo consideramos que una persona es inteligente? La respuesta más rápida sería responder que la persona inteligente es aquella que no hace tonterías o estupideces. Aunque, claro, también es cierto, que ninguno podemos evitar caer de vez en cuando en comportamientos tontos o estúpidos. Lo cual complica mucho distinguir al tonto del inteligente. Quizá podemos conceder a una persona que hace tonterías el beneficio de la duda, al considerar sus estupideces como un comportamiento transitorio. En cualquier caso, hay un rasgo inequívoco que caracteriza al tonto de solemnidad o tonto a tiempo completo (*): repite sus tonterías y estupideces de forma consistente y sostenida en el tiempo.

 

Pero volvamos al inicio. ¿Qué significa “mirarse a uno mismo”? Significa tener cierta capacidad para analizarnos, para identificar nuestras fortalezas y debilidades, lo que hacemos bien y lo que hacemos mal y, también, darnos cuenta de nuestros aciertos y errores. En suma, conocernos a nosotros mismos y hacer un ejercicio de autocrítica. Y aquí, encontramos una diferencia entre el inteligente y el tonto. El inteligente se mira, se analiza y, además, permite y acepta la crítica constructiva. El tonto ni se mira, ni se analiza y, por supuesto, tampoco acepta la crítica por miedo a descubrir que quizá, tenga algo que cambiar. O porque en su infinita arrogancia, cree que ya lo sabe todo y no necesita aprender nada.

 

El tonto se queja de la vida…

El problema con el tonto es cuando se da cuenta que las cosas no le salen como él quiere. Entonces, empieza a quejarse, a disparar contra todo lo que le rodea. En el ámbito profesional, se queja de sus jefes, de sus compañeros, de su equipo, de la empresa…, incluso del café de la máquina. Y si nos vamos al ámbito personal, ahí echa balones fuera, y culpa de su situación a cualquier cosa que le sirva como excusa: los amigos, la familia, la pareja, los hijos…o la vida en general. Expresiones como “es que a mí me pasa de todo, pero yo no hago nada”, o “la vida la ha tomado conmigo”, son típicas de estas personas.

Negocio, Cita, Gráfico, Discusión

Podemos observar, que estamos rodeados de personas que se quejan y se lamentan continuamente. Que culpan a otros, pero que ellos nunca tienen la culpa de nada de lo que ocurre. Quejarse suele ser un rasgo inequívoco del tonto o del necio porque en lugar de hacer algo de provecho para cambiar las cosas, se dedica a solamente a quejarse. Obviamente, no todo el que se queja se puede catalogar como tonto. De hecho, de vez en cuando y, en mayor o menos medida, todos nos hemos quejado alguna vez cuando la vida se tuerce y las cosas no salen como nosotros desearíamos. Pero la queja no nos conduce a ningún lugar, salvo a quemar a la gente que tenemos a nuestro alrededor.  Porque el problema de la queja, el lamento o la excusa radica en que cansa mucho. Nos resulta muy pesado y agotador tener que escuchar a una persona que está continuamente quejándose. Nos quita energía y preferimos alejarla de nuestra vida, por un tema de salud mental.

 

El inteligente no se queja, simplemente actúa.

Por el contrario, el inteligente no se queja, se hace cargo y actúa. Cuando culpamos a otros de lo que nos sucede, lo que hacemos es evitar nuestra responsabilidad en lo que nos sucede. Y, aunque tengamos muy claro que el culpable es el otro, nunca nosotros, siempre, en mayor o menor medida, hay una parte de responsabilidad en lo que nos ocurre. Pero preferimos considerarnos víctimas de las circunstancias. De este modo, expresamos nuestra incapacidad para actuar, porque realmente nosotros no tenemos la culpa de lo que nos pasa, son otros los culpables. Así, nuestras posibilidades de actuar se reducen a una única acción: la queja. Al quejarnos nos eximimos de cualquier tipo de responsabilidad ante lo que acontece a nuestro alrededor: “yo no puedo hacer nada, porque la culpa la tiene mi jefe o mi pareja o el entorno”.

 

Un ejemplo que ilustra este comportamiento quejumbroso se puede observar en el actual entrenador del FC Barcelona, Xavi Hernández, extraordinario jugador, pero que, en su deriva como entrenador, le está llevando a convertirse en “Entrenador Excusas”, porque siempre encuentra algo o alguien a quien culpar de su mala suerte: el césped, el sol, los árbitros, la hora del partido, la climatología, la prensa o el famoso “entorno”. Quizá debería mirarse a sí mismo, hacer un ejercicio de autocrítica y hacerse cargo de lo que ocurre, olvidándose de excusas y dejar de quejarse.

 

Responsabilizarse significa hacerse cargo.

Hay una tendencia a pensar, que lo importante para ser feliz o que las cosas te vayan bien en la vida es tener una actitud positiva. A mí, personalmente, esto me parece desviar el tiro. Claro que es importante ser positivo, pero si sólo vemos lo positivo, caemos en el mismo error del negativo, del gris o del cenizo. Dejamos de ver una parte de la realidad que está ahí. Y obviar una parte de la realidad se conoce como “distorsión cognitiva”. Porque lo positivo y lo negativo existen y son complementarios. Lo que cambia realmente las cosas no es “ser positivo”, sino tener una actitud responsable ante lo que te ocurre y actuar.

 

Responsabilidad significa tener la “capacidad de responder ante algo”. O, dicho de otro modo, cuando te comportas de un modo responsable, te haces cargo de lo que sucede en tu vida. Y esto nos lleva a la acción, a no quedarnos parados, ni resignarnos con lo que me ha tocado y, por supuesto, a olvidarnos de la queja o buscar culpables fuera. Hacerse cargo significa pensar, reflexionar, analizar, tomar decisiones y actuar para cambiar lo que no nos gusta o lo que no está saliendo como queremos. Y es importante, recordar que siempre tenemos la capacidad de dar respuesta ante lo que nos está ocurriendo, como nos recordó el psiquiatra Viktor Frankl. Porque esa es la última libertad que nadie nos puede quitar: la libertad para elegir qué tipo de actitud tomo ante una circunstancia: víctima (y quejarme) o responsable (y hacerme cargo y actuar).

 

“Uno de los hábitos más arraigados del ser humano es verse a sí mismo como una víctima de las circunstancias. Cuando cambiamos esa manera de mirarnos, se produce el más grande de los milagros: el milagro de aceptarnos.”

 (Jorge Carvajal)

 

NOTAS

(*) Expresión tomada del autor Ricardo Moreno Castillo cuyo libro, “Tratado sobre la estupidez humana”, recomiendo leer de forma urgente para aprender a identificar tontos a tiempo completo y, en la medida de lo posible, alejarse cuanto antes de esta especie que crece de manera exponencial.

Sí quieres saber más sobre coaching, liderazgo de equipos o gestión de equipos de trabajo, no dudes en contactar con nosotros. Y pregunta por nuestros procesos de trabajo, servicios de coaching de equipos y coach personal y profesional.

Pídenos un presupuesto sin compromiso