El binomio ideal de un equipo: motivación y liderazgo

Desmitificar conceptos

La motivación y liderazgo se han convertido en el santo grial que todos los equipos persiguen. Motivación que se manifiesta en equipos felices y comprometidos. Y un liderazgo personificado en una especie de superhéroe que guíe a los equipos a superar los retos y alcanzar los objetivos planteados.

Hoy en día, las empresas comienzan a tener un interés creciente por medir los índices de felicidad de sus empleados. Y también, destinan programas para que sus jóvenes promesas o talentos adquieran determinadas habilidades que les permitan liderar equipos.

Sin embargo, la realidad se empeña en demostrar que algo está fallando. Pese a ese intento por cambiar las cosas, la falta de motivación alcanza niveles superiores al 75%. Cuando miramos a nuestro alrededor vemos menos personas capaces de encarnar un liderazgo efectivo.

La motivación no es “pan para todos”

El error cuando hablamos de motivación en los equipos, es intentar motivar con recetas generales a todos los miembros. La forma más sencilla sería utilizar la fórmula que utilizaban los emperadores romanos: «pan y circo». Es decir, subidas salariales cuando es posible, y un entorno donde reine el buen rollo, a través de alguna fiesta, celebración, etc.

Eso no funciona. Cada persona tiene un factor de motivación diferente. Unos trabajan por dinero, otros por prestigio, otros por un propósito superior, otros por saber más. Además, activar su motivación depende exclusivamente de su voluntad. Por lo que, aunque yo quiera motivar a mi equipo con una fiesta o con un incentivo comercial, probablemente, eso no hará feliz a todos ellos.

La motivación se entrena

tomDecía Tom Landry, entrenador de los Dallas Cowboys durante 29 temporadas consecutivas: “Yo no creo en la motivación del equipo. Creo en la obtención de un equipo preparado para que sepa que va a tener la confianza necesaria cuando se pisa un campo. Y estar preparado para jugar un buen partido.”

La cuestión no va tanto de motivar a alguien para que haga algo que yo quiero. La motivación se entrena cada día, conociendo cuáles son los motivos que mueven a cada miembro del equipo. Consiste en establecer las condiciones que hagan que cada persona pueda sacar lo mejor de ella misma y ponerlo a disposición del equipo. Para hacer esto es imprescindible un liderazgo con propósito.

 

 

 

El liderazgo surge cuando existe un propósito

El error asociado a la idea de liderazgo se origina cuando pensamos que éste se logra con la mera adquisición de determinadas cualidades. Y esto, obviamente, no es así. Si lo fuera, probablemente tendríamos una superpoblación de líderes, con el simple hecho de leer unos cuantos manuales o acudir a cualquier prestigiosa escuela de negocio.

El liderazgo es un proceso. Surge cuando una persona comienza a hacerse determinadas preguntas que dan lugar al nacimiento de un propósito. El propósito tiene que ver con una idea, con una razón de ser, con dar sentido a lo que hace, con una creencia profunda sobre cómo quiere que sean las cosas.

Cuando esa persona es capaz de poder explicar este propósito ante un grupo de personas, y el grupo compra la idea, la hace suya, se la cree y la defiende, surge el liderazgo. Es suma, el liderazgo nace con un propósito. Permitir aunar voluntades, y por tanto, activar la motivación de cada persona.

«Liderazgo y motivación van de la mano. Cuando el equipo cree en un proyecto con propósito que da sentido a lo que hacen.»

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