La motivación es muy personal…

“La meta no tiene que ser sólo ganar.”

Sólo alguien con la autoridad que da haber conseguido 20 títulos en el mundo del baloncesto profesional, puede decir esta frase. Pablo Laso es el entrenador del Real Madrid de Baloncesto. En nueve temporadas y media, el técnico vitoriano, de 53 años, ha conquistado 20 títulos (5 Ligas, 6 Copas, 6 Supercopas, 2 Euroligas y 1 Intercontinental). Sin embargo, su mayor logro no reside en estos títulos, sino en haber construido un equipo reconocido y reconocible con una identidad propia. Es en este hecho dónde nace su motivación.

La motivación es muy personal

A veces pensamos que esto de la motivación va de entrar en un grupo y empezar a animar con grandes arengas. O realizar discursos memorables utilizando el don de la persuasión y la elocuencia. Y la motivación no va de eso, o al menos no solamente. Pablo Laso nos ofrece tres claves para trabajar la motivación, una de las competencias imprescindibles para cualquier equipo o grupo de trabajo.

 

La motivación comienza por uno mismo.

“Debe existir un momento de motivación personal.” Sí una persona no tiene motivación, el entrenador no va a motivarle. Cuando una persona llega a un buen puesto, en general, debería que llegar súper motivado. Y haría mal si pensara que ya ha logrado lo máximo. La motivación nace de la voluntad por tener una ambición, por querer conseguir algo. Debe existir un motivo que es lo que nos hace movernos. Puede ser un objetivo concreto y personal: anotar 20 puntos, vender más, escribir un libro, conseguir un trabajo…

 

Asociar la ambición personal con la superación personal nos permite mejorarnos a nosotros mismos. Buscar el crecimiento y la mejora continua. Desde aquí nace la motivación, desde un objetivo personal e intransferible. Por ejemplo, para Pablo Laso, su máxima ambición como entrenador era la de construir un proyecto, crecer con él y desarrollar su idea de juego. Sin embargo, hay algo todavía más importante para nutrir la motivación en el día a día: mantener la ilusión por hacer lo que más te gusta. En su caso obviamente, el baloncesto.

 

El componente grupal de la motivación.

“Cuando estás en un equipo, debe existir un componente motivacional grupal.” Puede ser alcanzar un objetivo concreto (ganar un partido o un título, alzarse con un proyecto, consolidar una empresa…). Este objetivo debe ser compartido, dónde todos trabajen en eso para lograrlo. Y, siempre, estará por encima de los intereses particulares. Por ejemplo, es más importante el bien común que un jugador consiga una actuación estelar en un partido. ¿De qué vale ser un director general brillante, sí tu empresa no funciona o tienes a la gente desmotivada?

 

Para fomentar ese componente grupal, hay que establecer las condiciones ideales para que la gente de lo mejor de sí misma. Y eso, corresponde al líder. Un líder no va a poder exigir que el equipo haga lo que quiere que haga, sin que estén convencidos. Se necesita persuadir al equipo. Hacerles comprender que eso que se pide es lo mejor para el equipo y para ellos. Es aquí, donde el propósito, la razón de ser de por qué y para qué hago lo que hago, es vital. Es necesario, seducir al equipo con una idea que pueda ser comprada por todos los miembros del grupo. Por ejemplo, el propósito de Pablo Laso va más allá de ganar partidos o títulos. Se centra en construir un proyecto y darle una identidad propia a su equipo, para que sea reconocido y reconocible.

 

La motivación diaria.

“Motivar de forma continua y diaria”. Una de las características de la motivación es la fragilidad. La motivación se puede perder fácilmente por múltiples motivos. Pablo Laso, lo explica del siguiente modo: “No es necesario motivar a un equipo cuando tiene que jugar una final. Pero sí es necesario, estar muy pendiente de lo que sucede en el día a día, para que no se pierda la motivación. Se necesita ser constante y perseverante, sobre todo cuando las cosas se ponen difíciles o llega la adversidad: lesiones, derrotas, mal juego.”

 

En el mundo de la empresa, sucede exactamente igual. Cuando ganamos un proyecto o cerramos un negocio, tenemos un subidón de adrenalina. La motivación está por las nubes. Pero ¿qué sucede con el día a día? O cuándo los proyectos no salen, cuándo te dicen no o ni siquiera te llaman. Pues que la motivación se resiente y desaparece. Es entonces cuando debe emerger la figura del líder, para estar atento a que en el día a día, no se pierda la ilusión. Hacer gala de un optimismo realista, trabajando sobre metas concretas. Es imprescindible, en primer lugar, comprender cuáles son los resortes que motivan a cada miembro del equipo. Y, en segundo lugar, crear un entorno que les haga sentirse bien y cómodos para que puedan dar el máximo.

 

 “El mayor título de este equipo es su IDENTIDAD.

La meta no tiene que ser sólo ganar.

El orgullo es mantener una idea.”

(Pablo Laso)

FUENTE DE ESTE POST: Conoce bien a tu equipo para llegar lejos (VIDEO)

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