Las virtudes del fracaso: herramientas del coach

Un libro para leer estas Navidades

Cuando el fin de año toca a su fin, solemos aprovechar estas fechas para hacer balance de lo que ha ido bien y lo que no ha ido tan bien. Es el momento de recordar los éxitos, pero también ineludiblemente aparecen los fracasos. Puede parecer un ejercicio poco útil porque significa volver al pasado. Sin embargo, olvidarnos de la historia y no reflexionar, ni analizar, ni sacar los oportunos aprendizajes, es el modo más directo de repetir errores y volver al fracaso una y otra vez.

 

Pero ¿por qué nos cuesta tanto reflexionar y profundizar en nuestra historia? O para ser más exactos, ¿por qué evitamos mirar aquello que no ha salido bien, o que no ha cumplido con nuestras expectativas?, ¿por qué no miramos al fracaso a la cara? Probablemente, porque el fracaso nos confronta con nuestros fallos, con nuestras dudas y con la necesidad de cambiar algo dentro de nosotros. Y cambiar es un verbo que nos cuesta mucho conjugarlo en nuestras vidas.

 

Abrazar el fracaso

Las Virtudes del Fracaso: herramienta del coach

El libro de Charles Pépin, Las Virtudes del Fracaso, llegó a mis manos hace unas semanas, gracias a un compañero de coaching, quien me lo recomendó fervientemente. Y la verdad es que probablemente haya sido uno de los mejores libros que he leído este año. Creo que los libros llegan a nosotros para enseñarnos algo, en el momento justo o adecuado, lo que los griegos llamaban “kairos”. Y este libro no iba a ser una excepción. Aprender todo lo bueno que tiene el fracaso, nos sitúa ante una actitud diferente cuando llega la adversidad o las dificultades, por las que todos sin excepción pasamos durante el año y la vida.

 

Abrazar el fracaso significa mirarlo de frente, reflexionar sobre lo que nos pasa, cuáles son las dificultades y los obstáculos a los que nos estamos enfrentando y hacernos la pregunta clave: ¿para qué me está ocurriendo lo que me ocurre? Se suele decir que los fracasos provocan crisis, generan dudas sobre lo que hacemos o cómo lo hacemos. Sin embargo, nos solemos olvidar de responder para qué hacemos lo que hacemos, y cuando llega el fracaso es necesario reflexionar sobre el para qué.

 

El fracaso como invitación al cambio

El fracaso es una invitación más o menos obligatoria para cambiar. No queda otra. Lo dijo Einstein: “Es de necios querer conseguir resultados diferentes haciendo las mismas cosas”. Podemos perseverar en nuestros objetivos, pero si las cosas no están funcionando, quizá sea el momento de realizar algún tipo de ajuste o cambio.

 

Pero también, el fracaso es un modo de medir nuestros límites, y perseverar en nuestros objetivos, y “convertirte en lo que eres”. O hacernos reflexionar sobre sí el camino elegido para lograrlo es el correcto. O simplemente, para que nos demos cuenta que es una oportunidad para cambiar de tercio y estar disponible para otros retos. Porque puede darse el caso, que ese fracaso esté dándonos la oportunidad de descubrir algo que late en nuestro interior y que todavía no hemos descubierto, lo que Freud llamaba deseo inconsciente.

 

La clave es saber interpretar el fracaso, es decir, qué mensaje trae oculto esa dificultad o adversidad a la que nos estamos enfrentando. Y esa interpretación no puede ser sólo racional…la intuición juega un papel fundamental. En este sentido, cuando el fracaso llega a nuestras vidas, cada persona debe ser coach de sí mismo, y saber hacerse las preguntas necesarias para descubrir cuál es el significado del fracaso.

 

Fracasar como lección de vida

Por último, cabe añadir un aprendizaje más. Existen una serie de enemigos que boicotean de forma continua nuestro rendimiento: la exigencia, el perfeccionismo, vivir con expectativas demasiado elevadas, querer que se cumplan si o si nuestros deseos… Todo esto queda al descubierto, cuando llega el fracaso: un examen que suspendemos, un proyecto que perdemos, una relación que se rompe…

 

Ante esto, el fracaso puede ser una magnífica cura de humildad para dejar de vivir en esa arrogancia propia de nuestro tiempo, que nos lleva a pensar que todo lo podemos lograr. Por otro lado, saber relajar nuestras expectativas, es un modo mucho más inteligente para poder tratar al éxito y al fracaso con indiferencia como explica Rudyard Kipling en su poema “Si…”

 

Por todo esto y mucho más recomiendo este libro plagado de ejemplos y con un acceso sencillo a la filosofía de diferentes pensadores que nos harán ver el fracaso como oportunidad para aprender y ver lo positivo en los errores o las dificultades por las que nos toca pasar. FELIZ LECTURA Y FELIZ NAVIDAD.

 

“Hay victorias que sólo se obtienen perdiendo batallas.” (Charles Pépin)

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