¿Puede un equipo sin cohesión lograr objetivos?

Equipos sin feeling.

La Eurocopa de Fútbol 2020 nos está dejando lecciones valiosas que podemos trasladar al mundo de la empresa y de los equipos. La eliminación de la gran favorita para este torneo, Francia, ha dejado al descubierto determinados roces entre los diferentes miembros del equipo. Parece que entre las estrellas del conjunto galo existían problemas de ego que han trascendido justo después de caer eliminados. En parte, el escaso feeling entre los diferentes componentes del equipo ha mostrado una falta de cohesión que podría explicar la temprana eliminación.

 

Quizá sea así, aunque conviene ser cautos al lanzar ese tipo de aseveraciones. Porque estos mismos jugadores alcanzaron el éxito hace 3 años, cuando ganaron la Copa del Mundo. Evidentemente, no me atrevería a hacer ningún tipo de valoración sin conocer de primera mano las relaciones que existen en ese equipo. Y, sin saber, obviamente, sí se ha producido algún cambio en la dinámica de interacciones de los diferentes miembros del grupo. Pero, sería interesante preguntarnos sí realmente, el feeling, la cohesión, el espíritu de pertenencia de los equipos es realmente necesario para alcanzar objetivos.

 

Diferentes tipos de cohesión.

En este sentido, es necesario acudir a la definición sobre cohesión que proponen los autores Carron, Brawley y Widmeyer, quienes definen la cohesión como:

 

“Un proceso dinámico que se refleja en la tendencia del grupo a mantenerse y permanecer unido en la búsqueda de sus objetivos instrumentales y/o para la satisfacción de las necesidades afectivas de los miembros”

 

Además, distinguen dos tipos de cohesión:

  • Cohesión de tarea: trabajo conjunto para alcanzar objetivos comunes.
  • Cohesión social: grado de aceptación entre los miembros de un equipo y el disfrute del compañerismo.

 

Esta diferencia puede ser la explicación a que existan equipos que funcionen bien operativamente, a pesar de los posibles enfrentamientos, luchas internas o falta de feeling (baja cohesión social). Esto se debe a que su motivación principal sea la ambición por obtener logros o ser los mejores en una competición o desempeño profesional (alta cohesión de tarea). Como se suele decir, no se necesita ser amigos para trabajar en un proyecto.

 

Cuando los objetivos no se alcanzan…

El problema aparece cuando los objetivos no se alcanzan. Es en ese momento, cuando el clima de un equipo se vuelve irrespirable y estalla la bomba. Es ahí cuando salen a luz todos los roces que antes se pasaban por alto o se ignoraban. Cómo hemos podido ver en el ejemplo de la Selección Francesa. Lo que parecía ser un “equipo Disney” cuando se ganaba, se convirtió en un polvorín en el momento que Mbappé falló el penalti decisivo.

 

Es evidente, que el grado de cohesión social ayuda a mantener ese espíritu de pertenencia que da lugar a los equipos con mayúsculas. Equipos que son capaces de priorizar el bien común por encima de los intereses particulares. Cuando aparece ese nivel de cohesión social, los egos desaparecen, porque lo que importa es conseguir un objetivo común, donde todos aportan y nadie mira por sus intereses personales.

 

¿Qué factores afectan a la cohesión de un equipo?

Podríamos resumirlos en 7 factores:

  • Frecuencia de las interacciones
  • Naturaleza del entorno exterior
  • Exclusividad de pertenecer al grupo
  • Homogeneidad del grupo
  • Madurez del grupo
  • Claridad de los objetivos del grupo
  • Éxito

 

Sí trasladamos el concepto “cohesión” al mundo empresa en el contexto actual, veremos que ya existen voces en las direcciones de RRHH, que alertan de la necesidad de volver a fomentar el espíritu de pertenencia a través de algún tipo de actividad porque perciben que la cohesión se ha debilitado. La explicación es sencilla de entender. En los primeros meses de la pandemia, los rendimientos se elevaron al pedir un esfuerzo extra por sacar el trabajo adelante. La cohesión de tarea primó sobre la cohesión social.

 

Sin embargo, la cohesión social fue debilitándose debido a que la frecuencia de las interacciones sociales fue disminuyendo (sobre todo en modo presencial, aspecto vital para fomentar esas conexiones que caracterizan la convivencia de los equipos). Y, en segundo lugar, a medida que pasaron los meses, los rendimientos fueron decreciendo al no poder mantener el mismo nivel de esfuerzo. Este éxito decreciente, provoca inevitablemente que el grado de cohesión de tarea también comience a resentirse.

 

¿Cómo cambiar la dinámica para volver a cohesionar a un equipo?

La respuesta es inmediata: aumentar el número de interacciones sociales entre los diferentes miembros del equipo. Volver a hacer cosas juntos: reuniones, comidas laborales, cafés, viajes, conversaciones sobre temas no laborales… Hacer cosas juntos como equipo da sensación de comunidad, sobre todo, sí este tipo de acciones no son impuestas por la autoridad formal (jefes, managers, etc), y surgen de forma espontanea y de manera informal a través de personas que forman parte del equipo.

 

Este tipo de persona se conocen como “conectores carismáticos” porque son el pegamento que une a los equipos. Son los que proponen actividades, los que conectan y unen a unos con otros. En suma, son los que hacen piña. Sin este tipo de personas los equipos se resienten y dejan de ser EQUIPOS. Obviamente, pueden lograr objetivos, a través de la cohesión de tarea, pero en cuanto las cosas se tuercen, esos equipos estallan por los aires, porque carecen de cohesión social.

 

“Los hilos invisibles son los vínculos más fuertes.”

(F. Nietzsche)

 

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