Las normas de un equipo.

Las normas de Xavi.

En los últimos días se ha armado cierto revuelo con el hecho de que el flamante nuevo entrenador del FC Barcelona, Xavi Hernández, haya hecho publicas las nuevas normas que regirán el vestuario del equipo blaugrana. Sorprende que sea noticia un hecho que debería ser habitual: que en un equipo haya unas normas. De hecho, la pregunta que nos podíamos hacer es ¿por qué estas normas no estaban vigentes hasta ahora? O sí lo estaban, ¿por qué no se cumplían?

 

Ahora bien, ¿cómo de habitual es que existan normas en los equipos en el mundo de la empresa? ¿Se hacen explícitas, se cumplen y se respetan? ¿Tiene alguna consecuencia no cumplirlas? Tener unas normas, y que se cumplan, no es una cuestión baladí ni superficial. Podemos definir un equipo desde muchas perspectivas y que cumplan diferentes aspectos para catalogarlos como tal. Pero hay dos elementos innegociables que dan a los equipos tal naturaleza:

 

  • Tener un objetivo compartido.
  • Seguir unas normas o reglas de comportamiento.

 

El orden en un equipo.

Xavi Hernández, jugador leyenda del FC Barcelona y de la Selección, lo explicaba de este modo en su presentación como entrenador del primer equipo:

 

“Es un tema de orden y normas. Hay que poner orden porque cuando lo ha habido, nos ha ido bien. Cuando no, hemos ido mal. Hay que ponerlas y cumplirlas. No hay más. No es disciplina, es orden.”

 

Acto seguido se hacían públicas dichas normas, que la prensa se ha encargado de publicitar a bombo y platillo. Quizá, la justificación más brillante que he escuchado sobre la necesidad de tener unas normas en un equipo la ha dado otro exjugador y comentarista, Álvaro Benito, en el siguiente video.

La cuestión es ¿cómo se traducen este tipo de normas en el mundo de la empresa, sí queremos que un grupo de trabajo comience a convertirse en un equipo? ¿En qué consisten esas normas?

 

Las normas guían el comportamiento de un equipo.

Tienen que ver con el día a día. Y se deben establecer desde el minuto cero en que el equipo decide ser un equipo para lograr un objetivo compartido. Las normas o reglas nos indican cómo queremos que sean las interacciones del grupo como EQUIPO. Por ejemplo, CÓMO…:

 

  • deben ser las reuniones de trabajo.
  • queremos comunicarnos entre los miembros del equipo.
  • escucharnos, cómo pedir, dar o recibir feedback.
  • el equipo quiere ser percibido por el entorno (otros departamentos, clientes, colaboradores).
  • se gestiona el conflicto y se toman decisiones.
  • validamos las emociones dentro del equipo, se pueden expresar o no.
  • celebramos los éxitos y afrontamos los fracasos.
  • penalizamos el error o premiamos el riesgo, aunque fallemos.
  • de valientes somos para expresar el no cumplimiento de las reglas.
  • se respeta la confidencialidad de temas tratados dentro del “vestuario”.

 

Una de las normas: hacer autocrítica.

Hace unos días, leía cuáles eran las principales enfermedades de un equipo. La respuesta se centraba en 3 aspectos: conflicto de egos, diferentes niveles de implicación y falta de liderazgo. Analizando más detenidamente, a mí salían hasta 10 enfermedades o “cosas” que pasan cuando NO hay equipo. Y curiosamente, una de ellas es uno de los aspectos que más ha sorprendido en ese catálogo de normas que ha impuesto el nuevo entrenador del FC Barcelona: la necesidad de hacer autocrítica después de los partidos. ¿Cómo? Cada jugador debe revisar su partido, estudiándose a sí mismo (qué ha hecho mal, qué puede mejorar…). No es algo nuevo, en anteriores posts he hablado que la autocrítica está presente en cualquier equipo de alto rendimiento (PIXAR, SEAL NAVY…)

 

Volviendo al mundo empresa, ¿cuántos equipos/personas hacen autocrítica del desempeño de sus funciones? ¿Se analiza cuando se pierde un proyecto o cuando se gana? ¿Se evalúa sí una propuesta (producto, servicio o lo que vendamos) es la mejor posible o nos quedamos con la primera opción que presentamos? ¿Nos preguntamos sí la forma en la que hemos abordado una conversación o asistido a una reunión ha sido la adecuada? ¿Pensamos que la forma en la que interactuamos y/o lideramos un equipo es la mejor posible?

 

La mejora de un equipo es fruto de la autocrítica.

Todas estas preguntas, cuando se hacen y se dedica tiempo a contestarlas, son las que nos llevan a mejorar. Cuando tomamos conciencia de la experiencia, tanto colectiva como individualmente, y nos damos cuenta de qué hemos hecho mal y qué podemos aprender. Cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad, nuestras debilidades…estamos abiertos al aprendizaje y al crecimiento.

 

Así se crece y se hace equipo, una de las expresiones a las que hacía referencia Xavi Hernández, en su presentación. De esta forma se consigue la mejora diaria, que lleva a la excelencia. No con cambios de timón radicales o recetas milagrosas que cambien el rumbo de las cosas instantáneamente. Las cosas no cambian de un día para otro, sino lenta y gradualmente.

 

“Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.”

(Antonio Porchia)

 

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