Las claves para ganar confianza en uno mismo (Parte 2)

El drama de no saber

Uno de los dramas que nos encontramos en las empresas, es que hay demasiadas personas que no saben lo que hacen, ni para qué lo hacen. Hay muchos trabajos, donde el trabajo no tiene una manifestación objetiva y palpable. Ocupamos puestos insertados en procesos y cadenas de producción, donde el trabajo se diluye como un azucarillo en el café, y no sabemos para qué sirve lo que hacemos. Esto, además de crear impotencia y frustración, hace perder confianza en uno mismo.

 

Sin embargo, cuando realizamos un trabajo en el que sabemos lo que hacemos, generamos una realidad tangible y obtenemos una recompensa directa por ello, nuestra confianza en nosotros mismos aumenta. Sí, además, ese trabajo es capaz de reportarnos placer, nos sentiremos afortunados y podremos desarrollar todo nuestro talento. Necesitamos hacer cosas que nos llenen, que nos hagan sentir plenos para ganar en confianza. Ese debería ser nuestro propósito. La pregunta es cuántos de nosotros tienen esa suerte.

 

No todo depende de nosotros

Es obvio, a raíz de los datos de Gallup acerca de la motivación y el compromiso en las empresas, que la inmensa mayoría no tiene esa fortuna. En realidad, lo más seguro es que el tipo de trabajo que tengamos no lo hayamos elegido, ni que sea un trabajo vocacional. Y, aunque lo sea, habrá situaciones que no me gustarán por determinadas circunstancias que pasan en todos los trabajos. En suma, como dice el primer principio de la sabiduría estoica, “no todo depende de nosotros”. Sin embargo, lo que si depende es nuestra actitud: no siempre podemos cambiar las cosas, pero si podemos cambiar la manera de mirarlas y responder a ellas.

 

Es ahí cuando deberíamos seguir el consejo estoico, y confiar tanto en lo que depende de nosotros como en lo que no depende de nosotros. Lo cual significa tener confianza en aquellas cosas que no dominamos completamente, y que nos traerán sorpresas. Éstas podrán ser agradables o desagradables, pero debemos estar abiertos a la posibilidad de que se produzcan determinados acontecimientos y confiar en lo que el destino nos depare. Es esa apertura a «lo que pase», lo que nos hará ir ganando confianza en uno mismo, a través de la acción del día a día.

 

Necesitamos tipos a los que admirar

Una de las cosas que levanta más admiración es encontrar a personas que se han atrevido a ser ellos mismos, y han ido forjando su propio destino. Son personas que siguieron su sueño, y a base de perseverancia, valentía y tesón lograron hacerlo realidad. Esas personas nos sirven para alimentar nuestros propios sueños. Su ejemplo nos muestra que es posible encontrar el propio camino, y nos ayudan a ganar en confianza en nosotros mismos.

 

Son personas que se han atrevido a vivir realmente, a buscar su singularidad y a perseguir su deseo hasta lograrlo. Estas personas crecieron porque descubrieron su deseo profundo, y fueron fieles a él. Pusieron el foco en ellos mismos, aunque obviamente también tuvieron sus referentes. Sin embargo, su medida no eran otros, era su progreso, su crecimiento. Si nos comparamos con otros, estaremos sembrando la semilla de la desconfianza en nosotros mismos, porque siempre habrá alguien mejor y eso nos generará frustración, celos y envidias.

 

La confianza en la vida

Confianza en uno mismo

Y cierro este ensayo, con el aspecto que más me ha costado entender, que no deja de ser una cuestión de fe: la confianza en la vida. Ésta adopta diversos modos de expresión: puede ser confianza en el Cosmos, como decían los estoicos; o en Dios, como sostienen los cristianos; o en Buda, como defienden los budistas…En el fondo todo es lo mismo. Confiar en la vida significa tener fe en una fuerza superior, en algo que mueve los hilos por ahí arriba. Significa que, pese a todo, merece la pena vivirla, aunque no sea perfecta o esté llena de penalidades, desigualdades o injusticias.

 

Quizá, que lo digamos nosotros desde nuestra posición privilegiada, resulta poco creíble. En el fondo, siempre nos quedará la duda, sí realmente podríamos seguir abrazando esa fe cuando las cosas se ponen realmente feas. Por eso, recomiendo el capítulo final de “La confianza en uno mismo” de Charles Pépin, donde relata dos historias que sirven para ilustrar lo que significa confiar en la vida a pesar de todo: la carta de Antoine Leiris a los asesinos de su mujer en el atentado de la sala Bataclan de Paris; y el diario de Etty Hillesum, que muere en el campo de concentración de Auschwitz, y hasta el último día mantiene intacta la confianza en la vida, aceptando lo incomprensible y dejando de querer entenderlo todo.

 

“La única cosa de la que uno no puede sentirse culpable es de haber cedido a su deseo.”

(Jacques Lacan)

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